domingo, 23 de febrero de 2014

Cómo ser escritor


¿Un fallo del autor o de la editorial?







Al igual que puede suceder con internet, nos encontramos delante un campo repleto de desinformación y decepción.
¿Qué sucede hoy en día que tantas novelas salen al mercado? Tantas, que uno ya no sabe que pensar de ellas. Y es que hoy en día la literatura se ha convertido en un producto como otro cualquiera de nuestra sociedad materialista.
No digo que sea algo negativo. De este modo, se bajan los precios de los libros y nos encontramos ante un surtido mayor entre el que elegir. No obstante, al igual que puede suceder con internet, también nos encontramos delante un campo repleto de desinformación y decepción.
Hoy en día la literatura se ha convertido en un producto como otro cualquiera de una sociedad materialista.

¿Y quién soy yo para hacer semejantes críticas?



Bueno, tal vez nadie. Pero como cliente del servicio, es decir, como lectora, me tomo el derecho de criticar el producto que se me vende. Del mismo modo, como autora en mis inicios, puedo describir ciertos aspectos desalentadores que he comenzado a ver al otro lado.



No todo lo que nos venden está listo para el mercado.
Tal vez el mayor problema de hoy es que no todo lo que nos venden está listo para el mercado. Es algo con lo que me he topado mucho últimamente.





En primer lugar, hay autores a los que aún les falta preparación. Sé que no soy nadie para permitirme hablar en este sentido. Soy muy joven y cometo muchos errores a la hora de escribir. He de corregir mis obras una y otra, y otra, y otra vez y aun así nunca queda libre de pequeños fallos ortográficos, gramaticales o de expresión. Y es normal. Pocos autores realmente quedan satisfechos con su obra. También por eso existen los correctores y las editoriales. Sin embargo, a veces nos encontramos con verdaderas decepciones a la hora de abrir un libro: Novelas con grandes ideas, historias que podrían ser fantásticas, que podrían enamorarnos. Pero no lo hacen.
¿Por qué? Porque sencillamente no basta con una gran idea y ganas de escribir para convertir a alguien en escritor. Me he encontrado en múltiples ocasiones con personas que me maravillaban con su imaginación y su talento. Sus ideas eran a menudo mejores que las mías y me atraían hacia sus historias con lo que me explicaban.


Y a la hora de leer sus trabajos, me quedaba encallada y sin saber muy bien cómo explicarles que había un detalle importante que no habían tenido en cuenta. Y es que la expresión y la gramática son mucho más importantes de lo que cualquiera pensaría a la hora de escribir. Especialmente en un idioma como el español.


La expresión y la gramática son mucho más importantes de lo que cualquiera pensaría a la hora de escribir.

Cada lengua tiene sus características en el lenguaje escrito. En el inglés por ejemplo, las frases tienden a ser más cortas y las repeticiones de He/She él o ella no solo se leen bien, sino que son muy importantes para la comprensión del contenido de una frase. Eso no ocurre en el español, donde cuantas menos palabras repitas, mejor. Nadie puede soportar durante mucho tiempo un texto en el que una y otra vez se repiten los mismos conectores, las mismas expresiones, los mismos versos…


Ella vio al hombre que salía del edificio. Ella vio como él corría hacia la calle de enfrente. Ella también vio que él quería pasar desapercibido. Y ella vio que escondía algo en su bolsillo. 


Sinceramente, si yo tuviese que leer más que estas cuatro oraciones sobre lo que ella vio, probablemente acabaría tan aburrida, cansada e irritada como muchos de los profesores de literatura parecen estar ante la idea de corregir exámenes. Y es que un buen vocabulario es crucial para una lectura rápida y amena. No digo que se necesite un amplio vocabulario para hacer a un gran escritor. Hemingway creó grandes obras literarias con un vocabulario reducido. La cuestión está pues en evitar una repetición continua de las palabras. Soy consciente de que esto puede sonar a lección de instituto. Sin embargo, parece que una gran cantidad de autores se saltaron esas clases en el colegio. Y es una pena, porque si las frases que he usado aquí como ejemplo estuvieran escritas de otro modo sonarían mucho mejor:

El sospechoso salía del edificio. Se dirigía a la calle de enfrente. Ella lo observó al caminar. Procuraba pasar desapercibido. Pero a ella no le engañó. Mantenía el ojo atento. Así descubrió cómo el hombre ocultaba algo en su bolsillo.

Que un autor no escriba buena literatura, no significa que deba escribir mala.

Sigue sin ser Shakespeare, pero nadie puede negar, que con la misma temática esta presentación se hace mucho más atrayente. Y es que, que un autor no escriba buena literatura, no significa que deba escribir mala. Mejorar el vocabulario, releer lo escrito no es un trabajo demasiado complicado. Y se lo recomiendo a toda persona interesada en escribir de cara al público. Pues es algo necesario tanto en una novela decente, como en un buen artículo, o un ensayo.

Mejorar el vocabulario, releer lo escrito no es un trabajo demasiado complicado.



Cada vez importa menos lo que se publique con tal de que se publique. ¿Cuántas editoriales existen hoy en día que ni tan solo pagan a un corrector? ¿Cuántos correctores mal pagados se encuentran con que por las prisas pueden descuidar algún error?
Pero no toda la culpa recae sobre el escritor, ni mucho menos. Después de todo, el trabajo de una buena editorial no debería limitarse a imprimir un libro, promocionarlo y publicarlo. Ni mucho menos. Aunque parece que ahora, es lo único que importa. Como mencioné antes, el mercado literario se ha convertido en eso, un mercado. Y cada vez importa menos lo que se publique con tal de que se publique. ¿Cuántas editoriales existen hoy en día que ni tan solo pagan a un corrector? ¿Cuántos correctores mal pagados se encuentran con que por las prisas pueden descuidar algún error? Así es imposible que un libro salga a la venta sin fallos. Y no debería ser así.
Al fin y al cabo los libros deberían ser un ejemplo para el lector. ¿Los profesores no nos recomendaban leer para mejorar nuestra ortografía? Yo recibí recientemente mi primer libro publicado. Lo corregí múltiples veces e incluso recibí ayuda a la hora de la revisión. Naturalmente, la editorial no tenía su propio corrector, puesto que suponía un extra de coste a la hora de presentar la novela. Y ahora, ante la primera edición me encuentro con diversos fallos que puedo ir subrayando con un lápiz mientras releo. El contenido sigue siendo el mismo. La expresión y la gramática están bien. Aunque no puedo menos que lamentarme, al encontrarme con esto. No debería ser así. Y no deberíamos permitir que fuese así. Por desgracia, es así. Me encuentro con que tendré que esperar a una segunda edición para corregir unos errores que no deberían haberse impreso en primer lugar.
Apuesto, a que muchos otros autores recientes se encuentran ante las mismas dificultades. Y lo peor… Lo peor es que no se puede culpar a una editorial únicamente. Especialmente no a aquella que es directamente responsable del error. No parece correcto apuntar con un dedo a la editorial que ha creído y ha invertido en ti.

Un mercado que vende cualquier producto a un precio demasiado rebajado y aplasta a correctores y traductores con tal de aumentar sus ganancias.

La culpa, además, no recae sobre una única empresa. Sino sobre un mercado que vende cualquier producto a un precio demasiado rebajado y aplasta a correctores y traductores con tal de aumentar sus ganancias. De este modo, a los pequeños escritores con ansias de ser publicados (sin necesariamente las pretensiones de alcanzar la fama) no les queda más remedio que permanecer callados y mejorar y revisar, una y otra vez, su trabajo, rezando por no descuidar ningún error. Pero, seamos sinceros, siempre hay algún error. Por eso se necesita un segundo e incluso un tercero par de ojos. Y si no se obtienen… Bueno, ¡que se la va hacer!



¿Queréis saber cómo se escribe correctamente? Primero se necesita una buena idea. Después se necesita conocimiento.Y por último queda el trabajo, muchísimo trabajo. Cómo dice la frase: si buscas una mano que te ayude, la hallarás en tu propio brazo.

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